• Sara Castañón

Aromas y recuerdos: un viaje de los sentidos

Mi infancia vuelve a mi memoria en forma de pequeñas fotografías. Recuerdo escenas estáticas la mayoría de las veces. Momentos congelados en el tiempo. Guardo poco de mi niñez y cuando intento buscar en mi cerebro algún recuerdo, usualmente veo las imágenes como un ente externo. Excepto cuando los aromas son los que activan el switch de mis memorias.


Cuando era pequeña pasé mucho tiempo con mi abuela. Una mujer experta en la cocina, que me llevaba a misa los domingos, y que usó el mismo jabón durante años. Todavía me sorprende cómo pude ser capaz de guardar en mi memoria ese olor, perfumado pero con tonos a madera, fuerte, con tintes de rosas. A veces todavía puedo olerlo en mi propio departamento.


Descubrí que el olfato es la mejor manera de transportarme a memorias que creía olvidadas. Memorias que pueden ser difíciles, pero también sumamente placenteras y felices. El olor a café recién hecho me recuerda a mis papás. El olor a libro viejo y el incienso me recuerdan a mi tía, fue por ella que decidí estudiar literatura. Aprendí a transportarme con los aromas a través de los momentos más importantes de mi vida.


Nuestra capacidad humana de revivir momentos a partir del olfato es una característica increíble que podemos explorar todos los días. Las experiencias que creamos pueden verse marcadas por aquella vela que compramos inesperadamente, o por el Palo Santo que utilizó una amiga en su casa antes de una cena especial. Nos inundamos de recuerdos, nostalgia, añoranza, y nos vemos transportados a momento precisos que revivimos a todo color en nuestra memoria.


Desciframos la realidad a partir de nuestros sentidos, el presente cobra vida cuando podemos verlo, sentirlo, escucharlo. En cada instante estamos creando memorias y nuestros cerebro está guardando detalles que despiertan nuestros sentidos para que en 5, 10 o 30 años podamos volver a esos recuerdos. El aroma permanece en nuestra memoria para hacernos viajar al pasado.